Puedo recordar el momento exacto en el que escuchaba esta canción, puedo recrearlo e incluso sentirlo. Puedo oirle cantando emocionado por la belleza de los versos escritos por el corazón roto del cantante.

Cierro los ojos y le veo exactamente igual que estaba aquel día, en su posición. Recuerdo como estaba vestido, más guapo que nunca, tan guapo como siempre; con su pantalón vaquero, ese que tanto me gusta desabrochar, y su camiseta roja, y lo que más le vestía era su sonrisa, esa sonrisa que adoro saborear.

Había una niña enfrente que nos miraba extrañada mientras cantabamos y palmeabamos el tema en el vagón del metro.
Fue un trayecto muy largo, casi eterno, pero lo repetiría una y mil veces con él.

Puedo recordar que cuando sonó el estribillo me sonrió y me revolvió el pelo con esas manos que me encandilan....
Puedo recordar que me sonrojé y bajé la cabeza (cosa que él odia que haga, siempre me coge la barbilla y me hace alzar la mirada, pero en este caso no lo hizo) para que mis ojos no se tornaran lluviosos ante su mirada. LLuviosos porque se había escapado la magia en la parada anterior del metro, se había acabado el tiempo.... y en ese justo instante, supe que me había perdido por siempre.....