Sólo miraba a un punto fijo, mis ojos color miel plantados en el horizonte, perdidos.
No sólo ellos estaban perdidos, sino también yo, que no me quedaba más lugar que aquel en el que se perdían mis ojos.
No recuerdo si estaba lloviendo, no recuerdo si había alguien caminando, no recuerdo nada. Sólo puedo tener certeza real de que ni un sólo pajaro piaba, no había ruido, salvo el normal de la capital.
Tenía las manos clavadas al aluminio de la barandilla. Estaba muy frío pero la textura era suave. Creo que una voz me gritaba por detrás, no recuerdo qué decía, no se por qué me hablaba tan siquiera.
Por un momento rescaté mi mirada perdida en el horizonte para bajar los parpados y volar, como siempre volar.
Sentí el aire en mi pelo. Mis rizos se ondeaban desde el balcón y hacían cosquillas en mi nuca. Era tan similar a la sensación a la que sentía cuando él me acariciaba, que sin quererlo una gota de tristeza descendió por mis pómulos hundidos y de alguna manera cayó sobre una de mis manos. No sé si fue el impacto de mi lágrima pero algo hizo que me soltara de la barandilla y caí. Pero volé, planeé, y llegué a aquél lugar donde mis ojos estaban perdidos. Subí a aquella nube en la que me sentaba cada noche entre sueños y desde aquí, sentada, sigo volando entre letras...........

Cuando emprendas cada vuelo no te olvides de las señales que te devuelvan a casa.
Es buenísimo!! Cada nuevo post q escribes me doy más cuenta de lo buenísima escritora q eres!
Enhorabuena y sigue escribiendo: lo haces genial!
Bsos
Muchas gracias Hannika. La verdad es que creo q no escribo bien pero lo hago desde siempre y voy cogiendo practica. Un besazo cielo!!