Era jóven, aunque muy adulta en su interior.
Nadie había sabido apreciarla nunca, era la sombra de una noche de debilidad y desenfreno.
Y ella misma se entregaba cada noche al desenfreno, con un loco distinto a ser posible. De cama en cama buscaba esta Lola su ilusión, y entre codones, palizas, alcohol, drogas y mala fama no encontró nada más que el pasado de aquella a la que tanto criticaba.
El pelo cobrizo de la chica caía cada día sobre una almohada diferente, o se apoyaba en la pared de un lavabo cualquiera.
Tenía más que aprendido cómo era su rostro desencajado durante el acto.
Sus ojos verdes tornaban pardos, y se entreabrían en los momentos más profundos, su boca no paraba de morderle, su boca no podía dejar de sentir la pasión, y su voz.... su voz entrealtibajos y frases mal sonantes gritaba, gritaba y eso a todos los "él" les ponía a mil por hora.
Era una preciosa muñequita de piel clara, cabellos cobrizos y ondulados y ojos verdes.

Él... no había un él concreto, no existía el él ideal para ella, él podía ser cualquiera.
Qué ganaba con aquello? sólo unos minutos en los que, hasta que él se corriera, se evadía de su patética vida, y sobre todo, se olvidaba de que era ella la que vivía en aquel mundo.
Hubo un momento en el que tantas sabanas sudó, tantas bocas comió, tantos pechos rozó que se comenzó a sentir vacia.
Y en ese momento, realmente empezó a ser la sombra de un polvo del pasado.
De ella no quedó nada más que un cuerpo reutilizado infinitas veces, unas ropas manchadas de sangre por una paliza y los restos de haberse metido demasiadas rayas en una misma noche.
El él de aquella noche, seguiría tumbado en la cama, rascandose sus partes nobles tras haberse descargado en esta Lola esa noche, y no sólo me refiero al sexo.