Compré un alma de goma a un músico vencido por el fracaso.
El alma estaba ya muy vivida y bebida, empapada de alcohol revenido y de noches de sudor acalorado.
El músico lloró cantando al despedirse de aquél alma que tanto había sufrido a su lado, y con sus lágrimas un clarinete empezó a entonar de un modo u otro mi amado Let it be...
Y el alma se alejaba temblorosa y ahora además empapada en lágrimas en un pequeñito rinconcito de mi mano que se le quedaba grande con tanto dolor.....
Y es que si no hubieramos tenido alma, nos la habría creado la música


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