"para escribir me basta el día a día, o incluso un pecho puede servirme de inspiración, aunque ya de eso poco veo": esa frase me la dijo un viejo amigo y no he sido capaz de olvidarla. Es ciero, cualquier cosa es digna de servir de inspiración para escribir.
Y tal vez mi cojín cilindrico de rayitas de colores no es fuente de inspiración... o tal vez sí, voy a intentarlo:
La pequeña soñadora perdía la cabeza tras las nubes. Cda noche era el mismo ritual, escuchaba sus canciones fvoritas asomada al balcón y observaba las despedidas de las parejas refugiadas en unos huecos aparentemente resguardados de los bloques.
La pequeña soñadora se tumbaba a oscuras en su cama y soñaba con ser la chica feliz de alguna de aquellas parejas. Su cojín cilíndrico a rayas de colores apoyaba su delicada cabecita en esos momentos. Siempre él le secaba las lágrimas, le sostenía sus pensamientos coloridos, le guardaba los sueños.
Las rayas rosas protegían sus sueños de amor, las verdes le daban esperanza, las marrones decían "pon los pies en la tierra" y las azules eran el cielo por el cual ella volaba cada día y cada noche.....
Pequeña soñadora girñó su cuellecito, su melena requetesalada rodeó en un bis al delicado cojñin. Ella lo giró hasta colocarlo en vertical, de tal manera que no sólo debaja al amparo de él sus ojitos almedrados sino sus brazitos al rodearle.
Cerró los ojitos almendrados y comenzó a besarlo con suavidad. Al rato abrió sus parpados casi transparentes y somnolientos y exclamó en voz alta "ay si tú no fueras tú, y yo no fuera yo....". Tras una mirada compasiva lanzó a su amante al suelo. Ahí es a donde todos vamos depues de soñar.....

Bueno, esta ha sido mi propuesta; os reto a que mireis a vuestro alrededor e intenteis hacer un relato de lo más absurdo que veais, animaos!