Dió la última calada a su cigarrillo y lo tiró. última respiración enfadada con la vida, lo demás había venido poco antes.
Después pasos sin sentido, gente absurda con miradas perdidas, relojes parados y pérdidas insospechadas.
Ella le había acompañado alguna madrugada en aquel extraño ritual denominado por terceros como "amor". Y de veras que no era más que un vocablo de tradición popular, porque no significaba nada, de nada servía, no era nada, y en nada se diferenciaba de nada.
él siempre decía bromeando "entraste en mi vida sin billete de vuelta, así que cuando te vayas lo harás en silencio y de noche para no despertarme y suplicarte que te quedes". Y así fue, aquella heladora noche de enero ella no apareció, le dejó sólo, prendido de un sueño, sentado en un banco que amenazaba morir esperando de pena, fumando un cigarro que cansado de consumirse había decidido suicidarse y ser tan sólo un mínimo resquicio de algodón malamente ensuciado.
Gritó ofuscado con el viento "LO QUE NUNCA FUE NO PUEDE HABER DEJADO DE SER", pero nadie le oyó, ni su propia alma. Saltó con ímpetu del banco, pisó el cigarro que acababa de tirar y voló a su casa con una sonrisa de oreja a oreja....