Salío de allí cabizbaja, hundida, sintiendose miserable. Una sonrisa ajena, la suya en otro tiempo, le aguantó la mirada viniendo de frente hacia ella. "aguanta... sólo eres tú... aguanta....no tengas miedo".....
La mirada alegre de aquella sonrisa luminosa sólo la miraba, nada extraño, pero a ella le reconcomía haber perdido aquella maravillosa sonrisa. La había regalado a una vendedora ambulante a cambio de un tarro de humo rosa.
De la rabia, al llegar a su casa, estrelló el tarro de humo rosa contra la pared, miles de mini particulas rosas se deshacían en el aire a la vez que se volvían grises hasta desaparecer, pero ni por esas recuperó su sonrisa. La sonrisa era más que eso, era ella, y era él. Con él la sonrisa desapareció.....
Siempre odió a la venderora ambulante, maldijo al tarrito un millón de veces y con recelo su mirada se alzó para retar a la sonrisa ajena.... solo con recelo, pero no lo consiguió.... y todo por tener un misero tarrito de humo rosa...

¡Esta es mi Laura! Precioso relato.
Menos mal que te malinterpreté ayer. Me gusta leerte.
Un besazo.
Hola! Nos ha encantado tu blog, y en concreto este articulo, y nos gustaría copiarlo y colgarlo en nuestro blog, al que puedes echar un ojo. Si nos das permiso para hacerlo, déjanos un comentario diciéndolo. Aparecería tu nombre y la dirección de tu blog, que para eso es tuyo. Muchas gracias y suerte!