Se levantó y como cada día lo primero que hizo fue asomarse a la ventana de su habitación. Era más tarde de lo normal, ya se oían voces de niños jugando.
Una mujer del edificio de enfrente sacudía com ímpetu una alfombra; demasiado ímpetu.

Se oía una música extraña de fondo; no le gustaba, se estaba poniendo nerviosa. Una mezcla entre música latina y electrónica... mezcla explosiva si estás recién levantado.

Olía a primavera....y parecía primavera. Pero ella sabía de sobra que aún era febrero, parte de ese invierno en el que su vida dio un vuelco.
Madrid seguía engañado.... no era navidad y sin embargo en muchos rincones aún había luces festivas, en su centro aún había castañeros, y la gente aún paseaba con prisas por Preciados, agarrotados como en las compras de diciembre.
Casi 3 meses, pensó, casi 3 meses de felicidad....
Su café ya estaba listo. 4 cucharadas de azúcar, era azúcar con café, que no café con azúcar. Se recogió su larga melena azabache en un moño que, lejos de ser premeditado o peinado, le favorecía realmente, y como cada mañana se sentó en el ordenador.
Los dedos corrian por sí solos, impulsados pos una fuerza 1000 veces mayor que la de la mente humana; no hacía falta animarlos como otros días, ellos llevaban las riendas y a ella le encantaba.
Una ventanita saltó de repente...... era él, era un mensaje suyo: "te gusta el sol que te he regalado? Navidades todo el año, lo estas viendo, pero por qué no soleadas?".
No quiso contestarle... no sabía cómo hacía para leerla siempre el pensamiento.
Lo que creó aquella mañana, lo que sus manos autosuficientes y su azúcar con café crearon, se convirtió en su himno eterno, en el de los 2: Cuando le conocí, cuando supe de su existencia, supe además que el tiempo haría que fuesemos algo más que desconocidos en manos del azar; ahora que somos uno, ahora que yo soy él y él es yo, se que el tiempo puso el azar en nuestras manos.