Salió a hurtadillas de su habitación, cogió el pomo de la puerta suavemente pero con firmeza. No quería hacer ruido, y no lo hizo, no quería despertar a su familia, sólo estar sola, más aún de lo que ya lo estaba.

Salió descalza, cruzó el pasillo, entró al baño y cogió un paquete se clinex del cajón de la derecha, como siempre, todo igual, todo correcto, el orden era inalterable, como las normas.

Se miró en el espejo y se vio horrible.
Sus ojos parecían bolas de billar de hinchados que estaban de tanto llorar.

De nuevo había sido una discusión con su madre, de nuevo otro "si no te interesa te vas de casa" a gritos por el pasillo que ahora pisaba para volver a su habitación, de nuevo otro bofetón, de nuevo la falta de libertad, de nuevo el silencio de su padre, de nuevo su odio a sí misma, de nuevo ella... de nuevo lágrimas....
Y como siempre, volvió a llorar, reprochándose de nuevo lo horrible que era por dentro y por fuera.