
Y pasó el tiempo de cesped, y llegó el verano.
No supe nada de él en un tiempo, las únicas noticias que tenía eran por ella.
"Queremos irnos a vivir juntos el año que viene".
Y para tener esas noticias mejor no saber nada....
Algún día, alguno suelto en el calendario, hablamos de nuevo. Era distinto, no se mostraba entusiasta con la conversación, ni siquiera creo que quisiera hablar.
Yo llevaba un tiempo manteniendo una relación indescriptible con un amigo, maravilloso, cargado de gracia, cargado de interés, cargado de cosas que enseñarme... sin embargo en esos meses no me había dado todo lo que me dió aquella conversación, aquella tarde con él....
Mi verano transcurrió entre la vida frenética de Madrid, el trabajo de campaña, los estudios y las conversaciones telefónicas.
El suyo, de esto me enteré tiempo después, transcurrió entre la incertidumbre y la pena.
El fin del verano nos devolvió a la temporada de exámenes, biblioteca y comedor. Volvíamos al principio, de nuevo el retorno a la situación inicial, a eso que en comunicación llaman "final feliz" (por su estabilidad, no por la resolución feliz de los acontecimientos).
Y le ví. Estaba al lado de las bandejas del autoservicio. Vestido completo de negro, las converse, los vaqueros, la camisa, las gafas de sol, y el sombrero de ala estrecha.
"Hola! Cuánto tiempo!! cómo te fue el verano?"
Dos besos resonaron en mis mejillas al mismo tiempo.
"Ehmmm, hola guapa, bien, todo bien, ahora a los exámenes"
"Buff, a ver si hay suerte"
"Esperemos. Bueno, voy a comer, ahora te veo"
Una leve sonrisa, tan leve que era casi inapreciable, adornó su tímido rostro, o lo que quedaba de él tras haberse escondido en un muro de luto.
Yentró ella. Sorprendentemente pasó de largo. Después vino a mi mesa.
"Le he visto. Qué tal os va?"
"Le dejé, estaba cansada, ya no me gusta lo mismo"
"Joder, si os ibais a vivir juntos"
"Jajaja, le ves? con las gafas oscuras, el gorro y tal.... te puedes imaginar cómo tiene los ojos de hinchados"
Y su risa retumbaba en mi cabeza... Levnté la mirada y allí estaba él, comiendo sin quitarse las gafas, sin quitarse el sombrero, en la otra punta del salón, me miró y le miré, y esta vez ella fue testigo de nuestra mirada....
"Si tanta pena te da, le tienes entero para tí eh? no pierdas el tiempo. Eso sí, no le tengas tan idealizado, no es tan maravilloso como crees"
"Pues gracias por dejarme el camino libre, la verdad"
Mi comentario no era más que una mofa, pero lo había hecho. Su tono había cambiado de la simpatía orgullosa a los celos en décimas de segundo.
Le miré y le sonreí, y él también a mí.
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1 comentario
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Ooooooooohhh esos son los finales que me molaaaan jijijiji eres una maestra! un abrazo grande