Abrí el arcón de mi cama. Sonaba más triste que nunca, a rugido de dolor....
Y ahí estaban ellos. Entre zapatos de tacón y punta, que alguna que otra vez habían sido manchados en noches que merecería la pena olvidar.
Con sus aromas varios, sus texturas, sus colores.....permanecían impasibles, observando con ojos de pena lo que estaba apunto de ocurrir. Los fui sacando uno a uno, recordando y rememorando cómo habían llegado ahí, cuál había sido su función, en qué momento lo hicieron. Y no fui capaz de tirar ni uno. Algunos han sido regalados a gente que los necesita más que yo que me aferro a mis recuerdos. Ellos también tendrán algo que recordar tarde o temprano, cuando se den cuenta de que el tiempo pasa, aunque aún no son conscientes.
Los que se van, y los que se quedan, tienen de nuevo una misión.
Y es que me toca irme, vaciar todas mis cosas y salir de aquí. La mudanza es inminente y ya estamos en ello.
Duele, mucho más de lo que pensaba.
Y está lloviendo, al menos para nosotros, que estamos reciclando recuerdos.