Mecido por los brazos de la madrugada se refugió en sus sombredades, en las sombredades que el no día arrima a su cuerpo.
Y dije bien sombredades, de soledades y sombras, de eso que nadie quiere y que todo el mundo aguarda en algún momento.
Las legañas despertaban sonoras; sus ojos, como platos, en pos del no dormir recorrían la finita habitación de norte a sur, de pared y pared.
Describir banalidades como el suelo del parquet o la sobria decoración sería desviar el punto de atención.
A su lado un cuerpo extraño permanecía ajeno.
La niña dibujaba sus melodiosas curvas entre las sábanas desgastadas, traslúcidas, casi transparetes ya del roce de mil cuerpos, y de otros tantos más.
Su postura era atractiva y atrayente, parecía pedir guerra.... su pelo, rubio estaba alborotado, pero él nunca supo si como cada noche o como cada día. Acababa de conocerla, por supuesto antes de que pasara lo que pasó, y antes de haberse quedado dormida.
Con un dedo recorrió el perfil de aquella que descansaba a su vera y se alejó.
Antes, a su lado, hubo un cuerpo extraño, que no dejo de permanecer ajeno.
Descansa en sombredad.


Sublime, realmente bonito. Enhorabuena..
Muchísimas gracias Clara!
Luego sacaré un rato para prestar atención a esto y leeros a todos.
Un besazo
Sombredad, bonita palabra te has inventado, como el relato entre el amor y el desamor de la despedido, realmente precioso.
Un beso