Sonó el despertador a las 8:00, el Canon de Pach- Elbel, como cada mañana en mi mesita en los últimos 4 años.

Era hora de ir, hora de que me jodieran viva y encima tuviera que pagar por ello. Me siento en ese sillón color verde cirujano tan cómodo y hasta que llega el profesional empiezo a escudriñar los artilugios, no se para qué son pero más bien parecen herramientas típicas de bricomanía en miniatura. Una radiografía, anestesia local (ojú 4 agujotas atravesándome mi pobre mandíbula), y me dicen que un quiste inmenso se ha comido mi muela y va camino de comerse las demás. La muela debe ir fuera. Una experiencia horrible. Ayer el día transcurrió entre tapones en el crater (eso no es un agujero, es un crater, tuvieron que rasparme el hueso por culpa del puto quiste) y vergüenza por si se veía al reir. Hoy lo que más me preocupa es no saber locutar con esta nueva ausencia. Eso sí, sacarse muelas es gratis, no me cobraron los 200 euros (creo) de la reconstrucción de la otra vez, les podía haber pedido que me devolvieran el dinero, porque era esa muela maldita la que ellos me reconstruyeron hace unos años. Un día después sigo tomando zumos y pures con pajita y tengo la cara inflamada. Aún me quedan 2 meses para que esto cicatrice y pueda volver a que me pongan mi implante.

Me pasé el resto del día tirada en el sofá.

Suena el móvil:

-¿Sí?- al otro lado Juana, la secretaria de la autoescuela me pregunta si puedo ir a mi primera práctica- mmmm ¡claro!.

Sin salir de mi barrio casi pude haber atropellado a un hombre con perro y desquicié al profesor y a la mayoría de los coches que se cruzaban conmigo. Si había que pisar acelerador yo iba a por el embrague. Lo de mirar por los espejos no lo llevo mal, soy un pelín presumida y estoy acostumbrada, pero eso de compaginar volante con pedales.... a mí me faltan manos y pies.

Vuelvo a mi casa, entre deprimida y orgullosa porque he hecho -mal, pero lo he hecho- algo de lo que no me creía capaz: conducir.

Suena de nuevo el móvil, de los informativos de La Sexta, y pienso en mi profe y digo "porque la vida puede ser maravillosa". Estoy muy ilusionada porque él, ese profesional y profesor al que tanto admiro ha confiado en mí y me han llamado. Esta tarde tengo la entrevista, pero tendré que explicarles lo de mi cara semi-hinchada y lo de no saber hablar bien por el momento, con todo eso espero que me cojan aún así.... ¿cuántas periodistas hay sin muelas? no se... es una pregunta absurda.

A mí me ha mirado un tuerto, pero luego gira la cabeza porque le doy pena y voila!