Hace mucho que me dejo caer por aquí. Al principio era un pequeño contacto con una nueva realidad llamada blog de la que nos hablaron en clase, poco después se convirtió en un lugar que compartir con otra gente y a día de hoy es mi mayor desahogo rodeada de buenos amigos anónimos que me conocen probablemente más incluso que yo misma.

Aquí me es más fácil ser como soy, patosa, bohemia, sincera... porque no tengo que enfrentarme a nadie ni nadie tiene ningunas ganas de hacer lo propio conmigo.

Escribir siempre ha sido para mí un escape. Decidí ser escritora y periodista antes de los 10 años. Era una niña alegre, pero por algún motivo -que aun no termino de comprender- sin amigos. El caso es que me refugiaba escribiendo en los recreos del colegio mientras los demás jugaban al pilla-pilla y cosas así. Con los años mi soledad permanecía inalterable, con pequeños altibajos y mis ganas de escribir aumentaban. Es curioso ver a través de mis escritos la evolución; pasaron de ser poemillas de una niña con temas infantiles a poemillas con un atisbo de madurez de una adolescente. Eso algunos. Otros mostraban mi cambio, la niñita marginada había crecido y era una monada, una morenaza de voz dulce que encantaba a los chicos. La verdad es que sobre los 14 años me los tenía que quitar de encima y mis poesías hablaban de besos con unos y arrumacos con otros... todo mentira, nada de besos ni arrumacos, pero no estaba mal fantasear y como había visto muchas películas de amor y leído muchas poesías de las que leía mi padre en la radio me era relativamente fácil hablar de "pasiones furtivas y amores marchitos" que jamás habían existido ni existirían.

Ahora lo leo y pienso qué de amantes he tenido entre las páginas y qué de cosas he sentido. Todo son cuentos. Todo un cuento creado por mí para evadirme de una realidad en la que seguía siendo la rara, aunque guapa, Laura.

Pero siempre he sabido diferenciar entre el cuaderno y mi vida real, aunque tenga pura necesidad y dependencia a escribir. Esto me mantiene viva...