Hace tiempo que no paso y no es por falta de ganas. Se me juntan el ser con el estar, el pensar con el estudiar y luego pasa lo que pasa, demasiado pensamiento para tan poca mujer...

Tengo unos amigos obsesionados con sus blogs; para ellos escribir en la blogosfera es un trabajo, según ellos les puede abrir muchas puertas... Y yo pienso, ¿qué puertas te puede abrir un blog si por mucho que te des a conocer eres malo?

Eso les dije. Y ofendidos me respondieron: "tú también tienes un blog no? en el que escribes mariconadas y cosas así... es que de esos hay muchos, tu blog no vale de nada, pero los nuestros que son periodísticos son nuestra carta de presentación".

Me ofendieron la verdad. En cierto modo yo jamás me tomé esto en serio... empecé en La Coctelera porque en clase o en la tele, no recuerdo, oi el término blog, demasiado culto/lejano/moderno para mi en aquel tiempo y me dije ¡vamos a explorar!

Así aterricé aquí. Y empecé a contar lo que sentía, a veces lo que veía, otras lo que pensaba... pero siempre sin plantearme "si enseño esto tendré reconocimiento público y una valoración profesional previa". No! Porque a veces escribirás una maravilla y otras vomitarás, no escribirás, y el resultado puede ser nefasto.

A mí el blog de uno de ellos no deja de parecerme una porquería; es el blog de un egocéntrico que cree que a alguien le importa su valoración sobre tal o cual programa o su valoración sobre tal o cual musical. Bueno, la idea no es del todo mala, pero él consigue reducir todo a la mínima expresión, a la mínima elegancia...

Yo soy de las que creo que para opinar y aconsejar tienes que ser como mínimo diferente, estar cerca de ser brillante, sino tu opinión no tendrá valor más allá. En resumen: más le valdría difundir menos su blog porque si dice algo de él estoy segura de que no es nada bueno.

Ahí queda! Hoy reivindico los blogs de los que somos anónimos, de los que escribimos mariconadas y no vamos presumiendo de ello.

=)