Hace unos días empezaron a dolerme mis excesos veraniegos. Me dijeron que no me arrepintiera pero lo hago, lo he empezado a hacer.
En su momento opté por echarle la culpa al calor, al alcohol y a las ansias de libertad pero lo cierto es que no siempre estuve borracha.
O sí. A veces es la felicidad -llamemosla éxito para que sea más común y conocida por todos-, la comodidad, la novedad es lo que te emborracha.
Dices yo puedo; puedo ser una profesional, puedo ser madura, puedo ser una buena ama de casa, puedo ser una buena compañera, puedo conocer nueva gente... puedo llegar a enganchar, a encandilar a más de uno....
Y me lo tomé al pie de la letra, de modo que no fue sólo uno.
En su momento llegas hasta a disfrutar pasando por alto que has hecho daño a una persona que no se ha separado de tí en los últimos dos años y que ha sido la que te ha enseñado a abrazar con los ojos, y a besar con los dedos.
Pero ya eso no importaba, el deseo estaba a unos pasos, había que disfrutar, eras la novedad, eras la principal atracción. Ibas a ser como jamás habías sido y todos creían que eras.
Uno me dijo: "este será el último beso que nos daremos en la vida". Un rato antes, antes de acabarnos la tanda de cervezas, me había dicho que quería casarse con su novia, que era la mujer de su vida. Obviamente no le creí cuando me agarró del cuello.... Su beso forzado me supo a cerveza, más agria de lo normal, no quise volver a recordarlo pero ahora lo hago sin remedio. Su amistad, que era incondicional, ha cambiado desde entonces.
Fue algo fortuito, yo no quería besarle y él no tenía pensado hacerlo.
Otro me dijo: "disfruta y no lo pienses. Esto es así, yo soy directo y tú tienes que reaccionar como espero que lo hagas". Y esa fue su frase más delicada. Escuché unas cuantas menos suaves y me cansé de escuchar a un tipo tan vacío, tan frío y tan cerdo como él. Antes de que pasara ya me había arrepentido.
Afortunadamente sólo queda uno más para acabar. Este último tuvo varios momentos de esplendor, varios puntos a favor que me hacían pensar que quizá no estaba perdiendo el tiempo y aquello llegaría a buen puerto. Como era de esperar, por las referencias que me habían dado, la cagó: "me das mucho morbo... ya veremos qué pasa pero por el momento me gustaría repetir aquello más a menudo". No sentía nada aunque pensaba que lo haría -más adelante- por sus múltiples cualidades pero esta llamada de teléfono adelantó mi más que previsible reacción. Fue la última vez que le cogí el teléfono.
Había conseguido no olvidar pero sí almacenar estas historias. Pero el último volvió a llamar.
-Coge el teléfono... a mí no me importa Laura.
-No cariño, eso acabó y no quiero hablar con él, se comportó de una forma muy inmadura.
-Será mejor que lo cojas, así podrás zanjar todo y te quedarás más tranquila.
-No, es una falta de respeto, y más estando aquí tú.
No le cogí el teléfono, ni en ese momento ni cuando volvió a llamar.
Por la noche me vinieron encima todas las quedadas, las llamadas, las tácticas de cada uno, las copas, las fiestas, los lametones -no se pueden llamar ni besos-, el sudor, la ropa interior.... me sentí sucia.
Y a él, pobre ignorante que no sabe ni la cuarta parte de lo que pasó, le dije que aunque no le encontrara sentido me perdonara por el verano, por lo que sabía y lo que no.
Y me perdonó.

Me gusta la nueva imagen de tu blog. Me gusta este post. Aunque las historias son muy distintas, me siento identificada con el sentimiento. Entiendo esa necesidad de perdón, esa suciedad... creo que lo entiendo todo. Espero que ese perdón te haya traído la paz que buscabas. Besos
Me ha gustado mucho este post al leerlo... Que suerte haber encontrado a alguien que te quiera y te perdone cualquier cosa, aun sin saberla. Ojalá yo tuviese algo así. Besos, desconocida ^^