Acabó la jornada, que no el día, en el secarral. Camino al coche conversaba timidamente y no demasiado cómoda con su vecina, la de los ojos azules. Tenía la capacidad de hablar hasta con el cesped pero esa chica no era capaz de inspirarla lo suficiente como para que el camino de 20 minutos fuera agradable.
Por delante de ellas se alejaban sus amigos riendo y cotilleando; como cada noche a ella le daba rabia tener que volver a casa por otro camino. Siempre se perdía las conversaciones más curiosas, los momentos más divertidos... eran sólo unos minutos juntos antes de que cada uno tirara por su lado pero siempre merecían la pena.
Silvia iba pensando en que Anne hoy estaba fabulosa, con una sonrisa indescriptible, con brillo en los ojos y más ocurrente que nunca. Hacía apenas unas horas Mike y ella la habían despertado en clase sin ponerse de acuerdo aunque a la vez; ella con un golpe en el brazo -según mis cálculos ya debe tener un moratón, no demasiado grande- y él con un "¡tú, despierta!". Y lo curioso es que no estaba dormida, simplemente no estaba alerta.
Justo antes de ese momento de evasión de Silvia los chicos ultimaban los detalles de la cena que tendrían el fin de semana. Carlos hablaba poco, estaba enganchado a la profesora de relaciones internacionales; Anne y Mike hablaban sobre el excesivo precio del cubierto, la elegancia del lugar elegido y sobre la ropa que se iban a poner.
Silvia miraba al vacío pensando en Macondo... no porque supiera de ello -ni siquiera había leído "Cien años de soledad"- sino porque la clase de narrativa le había dejado huella. ¿Puede realmente alguien crear un lugar místico e imaginario tan bien construído que deje entrever la propia realidad? Fue en ese instante, justo entonces, cuando el grito y el golpe de sus amigos la sacaron del trance.
"Que.... ¿qué ha dicho? que la comunidad internacional engloba valores solidarios dentro del marco de la estructura global"- balbuceó.
Los chicos rieron y ella seguía embaucada por esa ciudad que ni conocía. No quería saber más sobre Macondo, sólo ponerse a prueba y ver si era capaz de crear un diálogo entre un personaje y un espacio, ver si podía escribir sobre un lugar que describiera a alguien creando así una doble complicidad.
El secarral reverdecía. Había merecido la pena el olor a abono de enero. Las ramas secas de los rosales empezaban a sacar brío y fuerza, quedaba menos para la primavera.
A Silvia le dolía volver con Virginia a casa y perderse esos instantes de gloria con sus amigos.
"Es por aquí, mi coche es aquel del fondo".

Cruzaron a través del cesped, el camino marcado no estaba hecho para ella. Estaba mullido, como dije antes empezaba a enverdecer de nuevo, aún se notaba la erosión de las granizadas y la nieve del mes pasado. Dos liebres se curzaron en su camino, era algo habitual en el secarral, entre las ranas, los patos y las liebres más bien parecía un zoo que un campus universitario.
-Vaya, qué coche tan mono... ¿te lo has pagado tú?
-Sí, mis padres no querían comprarmelo
Y no hablaron más durante unos 600 metros, el sonido de la radio cinta de fondo amenizaba el camino.
Lo siguiente que Silvia oyó fue un híbrido entre una regañina y un comentario:
-Has tomado muy mal la rotonda... ¿desde hace cuánto tienes el permiso?
-Desde septiembre
Alguien pitó; ese coche no había puesto los intermitentes y Silvia no pudo suponer que quería cruzarse para salir de la rotonda. Su vecina se agarró a la manilla que había en la puerta derecha al salir a la carretera.
-Tranquila, he llegado viva hasta aquí, se volver a casa... siempre bromeo con mi novio diciendole que llevo una carta de despedida en la guantera por si me pasa algo..
-Y... laaaa ¿la llevas?- Virginia vagaba entre la sorpresa y el miedo.
Silvia no respondió, en lugar de eso le hizo otra pregunta:
-¿Has oído hablar de Macondo?
Virginia no contestó, siguió agarrada a la manilla sin hacer nada más que mirar por la ventana.
Silvia no tuvo ocasión de enseñarle su carta de despedida, mejor dicho su carta de por si acaso, hasta que llegaron a Macondo.


Una narración muy hermosa, muy bien estructurada y muy bien llevada. De alguna manera, a muchos nos gustaría tener nuestro Macondo donde refugiarnos, por pobre y miserable que fuera, pero nuestro.
Besos!
Muchas gracias Theo =).
Seguiremos construyendo Macondo entre todos.
Un besazo.
ohhh!!!...un nuevo Macondo!!...:-)), me gusta el plano, pero más aún me gusta el relato.
Muchos besos
Muchas gracias Mary! parece ser que el amor por Macondo es compartido por estos lares ;-)