Pasan poco más de 20 minutos de las 12 de la noche. Empieza un nuevo día, de mierda.
Por primera vez el portatil ha pisado mi cama, se encuentra desplegado sobre el nórdico que ayer cubría su cuerpo.
Me ha dejado, o eso creo después de leer "no quiero volver a verte, no me das nada, ojalá sufras y te encuentres completamente sola y no tengas a quien acudir". Y todo porque le dije que es un desagradecido. No le gustó lo poco que tuve tiempo de prepararle por su cumpleaños.
Es una sensación contradictoria. Estoy rota pero necesito hablar con alguien y, como él ya ha vaticinado, no tengo con quien hacerlo. No se si hacerme una tila o abrirme una lata de cerveza, no se si comer o vomitar, no se si dormir o salir a la calle. Me está comiendo el espacio. Voy de un lado a otro de la habitación completamente angustiada. Mi respiración se está rompiendo en pedazos, se multiplica, demasiadas exhalaciones.
El rimmel de anoche me baña los pómulos, siento como la pasta se vuelve rígida al contacto de mi piel pero no sería capaz de atinar con el algodón y la leche hidratante para quitarlo, mis manos se han vuelto toscas y lentas, están practicamente adormiladas, en proceso de agarrotamiento.
Necesio aire. El calor de mi nuca es excesivo y me están ardiendo los ojos. En momentos así me da vergüenza reconocer que necesito un buen cigarro y un cubata; y me da más vergüenza aún reconocer que tengo hasta ganas de vomitar.
Angustia. Y desconcierto. A esto lo llaman hiperventilar...
Recuerdo cuando no podía dormir de pequeña y me ocurría todo esto. Mis padres no sabían cómo reaccionar, cada noche lo mismo, y acaban perdiendo por completo la paciencia cuando se me agarrotaban las manos y me aparecía la manchita roja entre las cejas. Ahora es igual, nada más que me ocurre sólo cuando me disgusto mucho independientemente de que no pueda dormir o tenga pesadillas.
He abierto todas y cada una de las vitrinas, armarios o similares en busca de un cigarro de mi comunión o algo similar -en una casa de no fumadores es lo único que puede quedar- pero no hay ni rastro.
Es raro estar mal y sentir que automutilarse te hará sentir mejor; pensar en estas cosas me hace tener miedo de mí misma, aunque se que no me haría ningún daño, soy lo único que tengo.
He cometido el error de girar la cabeza y mirarme en el espejo. Dicen que las penas nos bañan de arrugas en la vejez...
Esto me recuerda a aquella canción:
http://www.youtube.com/watch?v=7DxL_5_AU54
(Buena chica, Los Secretos)

niña... me extraño que aparecieses de madrugada, y no te he leído hasta ahota...
Seguro que tienes a alguien con quien hablar, y seguro que no has buscado lo suficiente en la agenda del móvil... cuando el messenger no es suficiente siempre puedes probar con el teléfono, por tarde que sea...
see you tomorrow!!!
Ryu todo quedó en un amago... afortunadamente no es tan malo como lo pinté, así es la literatura ;-)
Besitos
Me alegra haber leído tu comentario antes de escribir el mío...Aunque lo estés pasando mal, me has quitado un peso de encima sabiendo que la literatura rellena ciertos huecos para desahogarnos un poco mejor.
Muchos besos