Estoy dejando de ser habitual y no me gusta. Tengo cosas que contar, aunque tampoco muchas, y tal vez es por eso por lo que nunca saco tiempo para venir a escribir; y eso que el ordenador está sólo a diez pasos de mi escritorio.
A estas alturas de mayo el aislamiento es inminente, de hecho ya ha comenzado. Las ojeras me llegan a los pies, y no es porque no duerma. Supongo que ya os habrá pasado pero cuando se tienen cosas que hacer ni el mejor colchón de viscoelástica consigue hacer que las preocupaciones se esfumen.Duermo, pero sueño con mi examen de derecho, las prácticas de tele, ese proyecto de reality que está en el aire y esa llamada de la radio para volver que espero con ansias.
Duermo, pero nada más despertar estoy agotada otra vez.
Lo de estudiar es una sensación contradictoria. Estoy en 4º de periodismo, por suerte hasta ahora he ido a curso por año y tengo ganas de acabar por lo que si mis cuentas no me fallan me queda un año sólo. Recapitulo: estoy en 4º de periodismo, una carrera en la que o encuentras trabajo antes de acabar o no hay tu tía porque al licenciarte no puedes ser becaria, y lo de contratarte sin probarte antes no entra en la cabeza de nadie. Entonces o encuentro trabajo ahora y tengo la suerte de que me mantengan la beca una y otra vez hasta que me licencie o suspendo a proposito para tener otro año más con posibilidades de beca.
Decía Nietszche -con este hombre nunca sabes qué letras sobran y cuáles faltan- que "cuando se tienen cosas que hacer el día tiene mil bolsillos". Mis bolsillos deben estar rotos por todas partes o remendados porque o bien el tiempo ni cunde o pasa demasiado rápido y sigue sin cundir.
Y a todo esto tampoco podemos olvidarnos de la siempre agradable llamada de la naturaleza que nos obliga a ver la tele, comer, ir al baño ¿y reproducirnos? no, creo que desgraciadamente tampoco hay tiempo para eso.
Por eso ando como un deprisón -así es como llama mi madre a la gente extraña que anda muy muy deprisa por la calle- dando vueltas por la casa, con miles de papeles esparcidos por la cama durante el día y por el suelo durante la noche, con una botella gigante de Nestea en el escritorio para evadir el sueño y una bolsa de fresas de golosina para evadir la gula que me entra al estudiar.
Pero estos días me están sirviendo para re descrubrir a ciertas personas a las que no valoraba en demasía; ahora desde luego se han ganado que los quiera con locura.
Además esto de estar de exámenes me está envejeciendo: he aprendido a hacer tartas, he planchado mis sábanas, lavado el coche y transplantado mi mini cactus.
Las arrugas, igual que el aislamiento, son inminentes. Menos mal que mi cactus es joven y maduro y cuando muera sabrá valerse por sí mismo... de hecho vive porque sólo hay que regarlo 2 veces al mes...
;-)

¿¿ como salieron los exmanes ?? :-)