Me encuentro en un punto de inflexión. Me licencio en un mes (si todo sale bien). No encuentro beca (ni qué decir que trabajo menos). Las tensiones con mi madre siguen creciendo. Prácticamente me debería ir de casa. La relación con mi novio se estabiliza y él también está en un punto de inflexión (le amenazan día a día con despedirle y El Corte Inglés le presiona para que deje que la carrera día sí y día también).

¿Y ahora qué? pues eso me gustaría a mí saber.

Estos días estoy saturada de entrevistas de trabajo que acaban en nada: revistas, radios, agencias, suplementos económicos... acribillan, otro año más, a los que serán sus becarios explotados durante 3 meses. Y tengo miedo. No por no sentirme capacitada para ser periodista sino porque presiento que me tocará aguantar estos castings interminables el resto de mi vida, que mendigaré cuantías de 400 euros hasta el fin de mi vida, y que tendré que empollarme los periódicos siempre. Esto es así y empieza a darme asco.

Tengo una prueba de locución en la SER el lunes, la pasaré seguro, el problema es la entrevista personal que es verdaderamente dura.

-Ponte falda, así seguro que te cogen; yo, si llevaras vaqueros, me pensaría si cogerte.

Eso me ha dicho un compañero que trabaja allí. Y me ha hundido en la mierda, aunque no debería.

Y digo, ¿tal vez debería madurar y olvidar eso que a los 8 años me hizo decir "quiero ser periodista"? Pero no puedo. Decía un profesor mío, el director de La Sexta, García Ferreras, que "el pálpito de la noticia es un orgasmo"; no sé si es eso lo que tanto me gusta o el hecho de cambiar de tema, de escenario, etc, cada día.

Me planteo que alguna vez querré tener una familia y no podré. Que querré comprarme una casa propia, y tampoco. Que querré renovar mi Seat Ibiza y menos.

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Mi madre me odia. Y yo a ella empiezo a creer que también. No hay manera de aguantarnos. Pienso que el no tener vida propia la está desequilibrando. Le tengo ya tanta rabia acumulada que intento responder con monosílabos, de vez en cuando me da un ataque de simpatía y mantengo alguna conversación poco trascendental que siempre acaba en sonrisas. El problema viene cuando intento ir más allá; aún se cree con derecho a meterse en mi vida y a compararse conmigo. Nuestro irremediable parecido físico la lleva a querer que yo haga esa vida que ella nunca hizo, que piense como ella piensa o quiso pensar y que tenga sus mismas reacciones.

Pero yo he salido a mi padre. Introvertida y arisca. Tengo nulas ganas de hablar al levantarme, no soporto que nadie se asome por la pantalla del ordenador y diga "¿qué haces? ¿con quién hablas?" (el mismo patrón se repite con las llamadas de teléfono; yo acabo paseando de un lado a otro de la casa para tener una conversación yo sola), necesito mi espacio vital y sentarme a escribir en el suelo y no soporto los típicos piques familiares suegra-nuera que mi madre se empeña en contarme a todas horas.

Hoy me ha echado de casa. Afortunadamente pasa el fin de semana fuera. No pienso cogerle el teléfono.

Pienso que todo iría mejor si estuvieramos separadas. Pienso que ha llegado la hora de irse, pero es imposible.

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Hace 40 años que salió "Let it be", de Los Beatles. Hoy he vuelto a escuchar esta canción de manera fortuita. Jamás me había sentado tan bien llorar con Los Beatles.

¿Y ahora qué? let it be (déjalo estar)

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Me llamo Laura y tengo 21 años, creo, últimamente he empezado a olvidar mi edad. Tengo una obsesión enfermiza por los colores pero siempre acabo vistiendo de rojo y gris. No sé tomar decisiones y me bloqueo con facilidad. No aguanto que me digan frases como "comportate como una señorita", "ya te dije que yo que.." o "le tendrías que haber dicho que...".

Me encanta picotear de todo entre horas y registrar el frigorífico pero como muy mal. Siempre llevo chicles encima, y un desodorante, y un peine y vaselina.

El primer pie que pongo en el suelo a levantarme es el derecho y me encanta fotografiar a todos los gatos negros que se me cruzan aunque soy supersticiosa.

Recojo fotos de carné que me encuentro en la calle; muchas veces me he encontrado a sus dueños.

Canto en la ducha, y cuando estoy sola me pongo canciones de Marisol.

Conduzco descalza y hablo a mi coche.

Me pinto las uñas de rojo, rosa o azul eléctrico.

Cuando voy por la calle rememoro la escena de El Mago de Oz de "sigue el camino de baldosas amarillas" y ando pegando saltitos mientras en mi cabeza suena "we´ll go to see the wizard, the magizal wizard of Oz".

Tengo 3 cuadernos llenas de poesías que he escrito desde los 10 a los 19 años, aproximadamente. Suelo leerlos para reirme aunque a veces me sorprendo de lo que he escrito (sobre todo de las dedicatorias a pie de página).

No tengo planes los fines de semana ni grandes amistades. Pero he conseguido encontrar mi felicidad. Escucho música indie, alternativa, cantautores, pop rock y rarezas en general.

Si hubiera nacido en los 60 habría sido muy revolucionaria. Mi novio dice que soy demasiado retro.

Y para adaptarme al mundo tengo que cambiar.