Estoy harta de la puta crisis.

Antes podía decir que era periodista. Ahora soy dependienta.

Y locutora y actriz de doblaje cuando puedo.

Estoy harta porque trabajar de dependienta y ver pasar por la puerta a tus compañeros periodistas es frustrante. Y más cuando tu inculto compañero de trabajo que cree que Kandinski es el mejor filósofo del siglo XX porque habló del superhombre (no hay por dónde pillarlo, ha mezclado a Kant con Nietszche y un pintor impresionista) te dice que si curras de dependienta es porque, o bien no tienes la carrera de la que hablas -porque no pareces una culta comelibros- o eres tan mala que nadie ha querido contar contigo.

Y la jefa tampoco sabe hacer la O con un canuto pero te grita y te insulta como si no hubiera mañana por cosas absurdas e insignificantes que no repercuten sobre nada ni nadie -excepto sobre mi nivel de azúcar en sangre-.

Y la frustración quema mucho y me hace llorar, enfadarme y estar de mala leche. Y con ganas de mandar todo a la mierda.

Pero retorna la palabra "crisis" a mi cabeza. Y lo que me va a crujir Hacienda por tener 2 pagadores, aunque a duras penas llegue a mileurista. Y lo que me ha costado que me hicieran una entrevista de trabajo. Y la subida de impuestos. Y las ganas de independizarme. Y lo jodido que va a ser cuando el señor con bigote que hemos investido recientemente me haga pagarme la insulina.

Pero no desisto. Y busco un trabajo a ver si cuela, de lo que sea, que no debería ser difícil (aunque sé que lo es) encontrar un sitio que me pague a más de 4,5 euros la hora, como cobro ahora.